Los años de Ibn Sina · Capítulo 1. Cada jueves un nuevo capítulo.
El verano del año 980 pesaba sobre Afshana. Según el calendario islámico era el año 370 de la Hégira. El pueblo estaba formado por casas de adobe, moreras y canales de riego, y desde sus tejados, en los días despejados, se podía ver el humo de Bujará elevándose, a medio día de camino a caballo. Allí, en la capital, residía el emir Nuh ibn Mansur, y de allí venían las órdenes que Abdallah llevaba cada mañana al pueblo vecino de Charmaithan.
Abdallah no era originario de esa región. Venía de Balj, muy al sur, una ciudad tan antigua que la llamaban “la madre de las ciudades”. Como muchos hombres sabios de su tiempo, se había trasladado a Bujará, porque allí se construía, se calculaba, se escribía. Los samánidas, que gobernaban la región, amaban los libros casi tanto como la plata. En los mercados había papel de Samarcanda, y en los patios de los eruditos se discutía en persa y en árabe sobre Dios, las estrellas y los números.
En Afshana, Abdallah encontró esposa. Se llamaba Sitara, que significa “estrella”.
La noche del nacimiento
Las contracciones comenzaron al anochecer, cuando por fin cedió el calor. La partera del pueblo, una anciana con manos como raíces, mandó a Abdallah al patio. Él paseaba bajo la higuera, contaba las estrellas, se perdía y volvía a empezar.
Poco antes del amanecer, la casa quedó en silencio. Demasiado silencio. Abdallah se detuvo. Luego, tras un tiempo que le pareció más largo que toda la noche, un grito cortó la oscuridad, agudo, furioso y lleno de vida.
“Un hijo”, dijo la partera al ponerle el pequeño en brazos. “Y escucha cómo grita. Ese quiere algo del mundo.”
Abdallah lo llamó al-Husain. Más tarde lo llamarían Abu Ali, y mucho después, en tierras de las que en Afshana nadie había oído hablar, pronunciarían mal su nombre y lo llamarían Avicena.
Bujará
Cinco años después, al-Husain tuvo un hermano, Mahmud. Poco después, la familia se mudó a Bujará. Para un niño de pueblo, la ciudad era un prodigio: cúpulas, caravasares, camellos de China e India, comerciantes que gritaban en lenguas que no entendía. Y por todas partes, gente leyendo.
El padre le buscó un maestro para el Corán y otro para la poesía. El niño aprendía tan rápido que pronto los maestros no sabían qué más enseñarle. A los diez años ya sabía el Corán de memoria y buena parte de la poesía relacionada. Los adultos se asombraban. Él mismo no le daba importancia.
Le parecía mucho más emocionante lo que ocurría por las noches.
Los invitados
Algunas noches llegaban a la casa de su padre hombres que hablaban de forma diferente a los demás. Venían de un movimiento que difundía sus ideas desde Egipto, y hablaban de cosas que no se podían tocar: el alma, la razón, la pregunta de qué es lo que realmente da vida a una persona.
Al-Husain ya debería estar dormido. Pero se quedaba detrás de la cortina, con el oído pegado a la tela, escuchando. Su padre y Mahmud asentían a lo que decían los invitados. El niño no. Él pensaba. Algo en sus respuestas no encajaba.
Una de esas noches, uno de los invitados preguntó al grupo: “Si el alma mueve el cuerpo, ¿dónde se encuentra? ¿En el corazón? ¿En la cabeza? ¿O en todas partes a la vez?”
Se hizo el silencio. Los hombres se miraron entre sí.
Y detrás de la cortina, un niño de diez años tomó aire para responder.
Continuará el próximo jueves: Capítulo 2, “El verdulero y el cálculo en el polvo”.
Conocimientos sobre el cuerpo de este capítulo: el primer aliento
El primer llanto de un recién nacido es más que una señal de vida. Antes del nacimiento, los pulmones están llenos de líquido y el oxígeno le llega al bebé a través del cordón umbilical. Con las primeras respiraciones fuertes, los alvéolos pulmonares se expanden, el líquido se va absorbiendo poco a poco y la sangre toma un nuevo camino: a través de los pulmones. Una pequeña abertura en el corazón, que antes del nacimiento permitía que la circulación pulmonar fuera evitada, se cierra, al principio solo por el cambio de presión. El cuerpo cambia en pocos minutos del agua al aire.
¿Qué es verdad, qué es narración?
De la propia autobiografía de Ibn Sina: el padre Abdallah de Balj, su cargo en Charmaithan bajo el emir Nuh ibn Mansur, la madre Sitara de Afshana, el nacimiento allí, el hermano menor Mahmud, cinco años más joven, la mudanza a Bujará, el Corán a los diez años y los invitados que hablaban sobre el alma y la razón y a quienes el niño escuchaba sin darles la razón.
Narrado: la partera, la noche del nacimiento, los diálogos y la escena detrás de la cortina. Se conserva el año 370 de la Hégira, generalmente con el mes de Safar; eso corresponde aproximadamente a agosto de 980. No se conoce el día exacto.
Fuente: The Life of Ibn Sina, edición crítica y traducción de William E. Gohlman, State University of New York Press, 1974.
